En busca de las sensaciones perdidas

El equipo de baloncesto del Real Madrid está en un momento dulce desde el punto de vista deportivo. En la ACB ha ganado 25 de 27 partidos disputados, y en la Euroliga es el segundo clasificado de su grupo, tras el CSKA de Moscú. Sin embargo, un par de derrotas recientes en Europa y una relajación, debido a la amplia ventaja, en la liga local, parece que han desatado las dudas en el juego y la eficacia del equipo.El alero Carlos Suárez, ha declarado que el equipo quiere volver a recuperar las sensaciones que el equipo tenía hace un mes, y salir a tope todos los partidos.

Pero, ¿qué son esas “sensaciones”? ¿Qué significa “salir a tope”? Es cierto que el tener una ventaja cómoda en la clasificación puede llevar a ciertos jugadores a relajarse en exceso, a perder esa tensión tan necesaria para coger ese rebote o robar ese balón, lo cual es contraproducente no solo desde el punto de vista del rendimiento y el resultado, sino también desde el punto de vista de las lesiones.

En psicología del deporte, cada jugador tiene un nivel óptimo de funcionamiento, que implica una serie de variables psicológicas que intervienen en el rendimiento deportivo, entre las cuales podemos destacar la motivación, la activación, o la concentración.

Para evitar esto podemos trabajar la motivación de logro, que es aquella que consiste en buscar el éxito y evitar el fracaso. Un jugador está infra-activado en un partido, en parte, porque su motivación de logro está satisfecha. La ventaja en la clasificación con respecto a sus inmediatos perseguidores sirve como éxito, y el perder un solo punto no sirve como fracaso. Así,  podemos aumentar la exigencia de los objetivos en los jugadores, pidiéndoles superar sus propias marcas (canastas encestadas, rebotes conseguidos, alto porcentaje de triples o tiros libres convertidos, robos de balón, etc.) o las del propio equipo (batir el récord de victorias consecutivas, de partidos con más diferencia de puntos, etc.). Estos objetivos deben ser establecidos de forma consensuada con cada jugador, ya que lo que motivará a cada uno de ellos será diferente.

Además, el camino que lleva al cuerpo desde la mente es de doble sentido, y podemos influir en las variables psicológicas a través de las físicas. Así, podemos meternos en el partido, por ejemplo, gritando, dando saltos, aplaudiendo… en definitiva, aumentando nuestro nivel de activación cuando sea necesario.

Para evitar distraernos en pleno partido y pensar en otras cosas, existen las rutinas y técnicas de control del pensamiento, consistentes en asociar pensamientos positivos (“puedo conseguirlo”, “estoy al partido”, “no se va”) a un sencillo gesto conductual, como puede ser un pellizco, un tirón de la muñequera, botar el balón antes de lanzar tiros libres… con cada jugador funcionará una rutina diferente.

Salir a tope no es algo que vaya a hacerse solo con decirlo. Si así fuera, no existirían en deporte las llamadas malas rachas, puesto que nadie quiere realmente perder las sensaciones. Es verdad que puede darse el momento en el que espontáneamente el equipo vuelva a su estado ideal, pero será a través del trabajo psicológico, profesional y sistemático, como maximizaremos las probabilidades de que esto ocurra de manera regular.

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